Prácticas restaurativas

Como instructora del International Institute for Restauorative Practices, soy una apasionada del paradigma restaurativo y, -además de vivir desde ahí mis experiencias personales-, contribuyo a su difusión con formaciones que apoyen el cambio del paradigma retributivo imperante, al paradigma restaurativo. 

También realizo, diferentes intervenciones en gestión de conflictos, mediante la aplicación de todo el espectro de las diferentes prácticas restaurativas:

  • Declaraciones afectivas
  • Preguntas restaurativas
  • Pequeña reunión restaurativa
  • Círculos restaurativos
  • Conferencias y reuniones de grupo familiar

Todas ellas son muy efectivas y su práctica habitual sostenida en el tiempo se traduce en el cambio de cultura familiar, organizacional y/o social.

Según el IIRP las Prácticas restaurativas son una parte de la ciencia social que estudia cómo generar capital social a través de un aprendizaje y toma de decisiones participativos. De este enfoque en generar una comunidad con vínculos sanos y fuertes, se derivan multitud de consecuencias beneficiosas, entre ellas, el objetivo fundamental de las PRÁCTICAS RESTAURATIVAS: Desarrollar un sentido de comunidad y manejar tensiones y conflictos a través de la reparación del daño y la restauración de las relaciones.

Tal vez una de las prácticas más conocidas sean los Círculos restaurativos.

¿En qué consiste el trabajo con círculos?. Son un proceso grupal en el que varias personas convienen en reunirse con los fines más variados, pero con el presupuesto de que, por más marcadas que sean las diferencias, hay algo más básico que los une. Pertenecen en algún grado a una comunidad: familiar, organizacional, escolar, cultural, municipal, nacional o tal vez apenas compartan su propia humanidad. Y es ese vínculo básico lo que posibilita su conformación.

Ese es trabajo de las Prácticas restaurativas, el trabajo con los vínculos los que constituyen la red que une a los miembros de una comunidad y los que confieren a sus miembros el sentido de pertenencia. Por ello el vigor y la salud de cualquier sistema, comunidad, sociedad… está en proporción directa al número, calidad y consistencia de los lazos existentes entre sus miembros.

Decimos que son un proceso transformador y generativo, en el sentido de permitir la emergencia, la producción de algo nuevo. Algo diferente a lo que había antes de comenzar el proceso. 

La elección de la geometría del círculo no es casual y habla por sí sola de la filosofía que subyace en ellos: Todos los miembros son parte y ocupan un lugar igual al resto; tiene una estructura horizontal, en contraposición a la verticalidad (no hay arriba y abajo); cualquier punto es equidistante del centro y todos los miembros pueden verse entre sí (no hay delante ni detrás);  no hay esquinas; no hay principio, ni final, por tanto tampoco hay primeros, ni últimos y todo es un continuo proceso….

En cada sesión de un círculo pueden surgir las más diversas manifestaciones. A su amparo podemos reir y podemos llorar, podemos expresar y podemos escuchar, podemos ofrecer y podemos pedir, podemos dar y recibir reconocimiento, podemos afirmarnos sin invalidar al otro; podemos compartir sin miedo diferencias, protegidos por aquello que nos une … Los círculos generan y regeneran lazos. Los círculos favorecen la diversidad, pues esta los dota de sentido y tienden al equilibrio,  al buscar una riqueza armónica.

Por supuesto, son voluntarios: nadie puede ser obligado a participar en un círculo.

A pesar de su voluntariedad, cuando no vienen precedidos de una consolidada cultura restaurativa en el contexto de que se trate, puede ser perceptible la reserva, resistencia, escepticismo e incluso miedo en el momento de conformar un círculo. Pero en igual medida es muy notorio cómo estos obstáculos se desvanecen a medida que avanza el proceso. Al abrigo del sutil, pero insoslayable efecto del círculo. Palabra a palabra, silencio a silencio, interacción tras interacción.

El círculo tiene la capacidad de permitir la expresión de cada voz, de cada individualidad y así poder ir conformando el todo variado y polifónico que somos, sin que sea por ello disonante.

El círculo propicia un más profundo conocimiento tanto de uno mismo, como de aquél que no soy yo: del otro. Genera y fortalece nuestro HUMANIDAD y nuestro sentido de COMUNIDAD.